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miércoles, 18 de enero de 2012

TECNOLOGIA ARQUITECTONICA

Es de justicia poner en conocimiento del estudiante que el tema que vamos a tratar es un tema nuevo, relativamente nuevo en los estudios CTS. Esto no quiere decir que sea un tema que no tenga fundamento como tal en este tipo de estudios, al contrario, es y debe ser un tema capital en esta disciplina, y a buen seguro lo será si consideramos el creciente impacto que la tecnología arquitectónica moderna tiene en el hombre, en la sociedad, en las culturas y en la naturaleza. El problema de la ausencia o de la presencia marginal de este tema en los estudios clásicos de CTS podríamos atribuirlo en parte a la juventud de esta disciplina, heredera de la vieja filosofía. Habiendo otras importantes tecnologías -desde la energía nuclear hasta la informática- cuya masiva implantación, unida a sus peligrosas consecuencias en el mundo actual, las hacen dignas de un interés privilegiado por parte de los filósofos de la tecnología, la 'tecnología arquitectónica' suena a tema secundario, escasamente relevante. La misma sociedad que, por una parte se muestra ansiosa de recibir los nuevos milagros tecnológicos, y demanda por otra las garantías de que su uso no conlleve riesgos inaceptables, sin embargo, considera que la moderna tecnología arquitectónica es una tecnología blanca, neutra y positiva, básicamente buena. Si los últimos adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna sirven para construir edificios y viviendas más rápidamente, además de más baratos, más duraderos o más espectaculares ¿qué problema existe en la aceptación y la potenciación sin reservas de ésta beneficiosa tecnología? Con esta retórica pregunta, aparentemente lógica, llegamos al quid de la cuestión de la novedad de su investigación en los estudios CTS. Así es, pues sospechamos que no es tanto la juventud de una disciplina que ha de seguir una serie de prioridades sociales, sino, mas bien, la ceguera que los filósofos de la tecnología comparten con la sociedad en general a la hora de valorar críticamente los adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna. Todos, los filósofos como cualquier ciudadano corriente, hemos aceptado el hecho arquitectónico moderno sin cuestionarlo en absoluto, porque hemos vivido desde nuestra infancia en su obra: las viviendas de bloques urbanos, que ya forman parte de nuestro paisaje y hasta de nuestra alma. Somos habitantes de la jungla de asfalto hasta el punto que no concebimos otra forma de existencia que encerrados en nuestros fríos cubículos de cemento y estuco. Nuestra preocupación básica por encontrar una vivienda, -compartida aparentemente por todos los agentes sociales- no por legítima, puede agotar nuestra mirada sobre la realidad arquitectónica y urbanística de nuestro entorno. Menos aún habría de condicionar a los estudiosos de CTS, en principio, profesionalmente dedicados a analizar toda tecnología que se da en el mundo moderno de manera exhaustiva y rigurosa, siempre a la busca de problemas que acaso no habían detectado o atribuían a otras causas. Justamente, este es el esfuerzo que el estudiante ha de hacer y compartir con el filósofo de CTS, hasta ahora ignorante de esta materia; ver más allá de su circunstancia residencial inmediata, es decir, que vive en una casa moderna más o menos amplia, más o menos mejorable, pero que básicamente cubre sus necesidades, para investigar si es cierto que habitar una casa moderna es tan magnífico, si al hacerlo no estará provocando problemas graves, y si no será la técnica moderna de construir la responsable de éstos...
Para comprender cuál pueda ser el problema de la moderna tecnología arquitectónica es preciso primero despejar las posibles dudas de que el supuesto problema de la arquitectura moderna sea de orden tecnológico y no meramente estético. Bajo una mirada superficial la implantación de los estilos modernos en arquitectura puede parecer similar al de las bellas artes. Cambia la apariencia de los edificios -su forma exterior y su distribución interior- para adaptarse a los gustos del siglo XX. Las casas cúbicas o los rascacielos, los bloques urbanos o las ciudades dispuestas en damero serían así la expresión arquitectónica de los tiempos modernos, equivalentes a una pintura cubista o una escultura abstracta. Sin ser del todo incierto -a cada época le corresponde un estilo estético que pretende reflejarla- debemos sondear a continuación el porqué se produce semejante cambio estético en nuestra época moderna, al que no podemos por menos que calificar de extremadamente radical e irreversible. Y es entonces cuando nos encontramos con la cuestión de la técnica, como motor del cambio estético, lo cual a su vez provocará una amplia transformación social en todos los órdenes. Aunque ya en el siglo XVIII surgieran los primeros arquitectos modernos o pre-modernos (Boullée, Ledoux) no es hasta comienzos del siglo XX cuando se manifiesta la arquitectura moderna como escuela y empieza a imponerse sobre los estilos históricos. Esto es, la modernidad, preferentemente el racionalismo arquitectónico, basado en los volúmenes geométricos, la ausencia del adorno y la ajustada adaptación del espacio a la función, ya existía como actitud estética en épocas anteriores, e incluso, en opinión de algunos autores, es la característica primordial de la arquitectura vernácula. Sin embargo, sólo en la epoca propiamente moderna, la época de la industrialización, este racionalismo encuentra eco entre las jóvenes generaciones de arquitectos -muy relacionadas con las vanguardias artísticas coetáneas- y puede desarrollarse hasta dominar poco a poco el mundo de la arquitectura y de la construcción en general. Esta somera revisión de la oportunidad histórica del movimiento moderno nos lleva a plantearnos justamente si la adopción del estilo moderno racionalista no fue más bien la consecuencia de una sociedad dominada progresivamente por la técnica, que encontró en su estética simple y desnuda la mejor manera de desarrollarse. Aunque se puede construir un edificio racionalista con técnicas artesanales (pronto se abandonó esta propuesta de la Bauhaus), es con las técnicas industriales como se puede resolver de forma más depurada y a mayor escala. Y no podemos ignorar el hecho de que la estética racionalista moderna precisamente ha venido dada, aparte de un primer momento artesanal, a partir de un fantástico desarrollo de técnicas industriales que, como máximo logro nos han proporcionado la 'prefabricación' de los materiales constructivos. No obstante, no podríamos explicar el éxito arrollador de la estética moderna en arquitectura únicamente por ser un reflejo natural de una sociedad tecnificada. Pues hay que entender esta tecnificación, que como vemos afecta por igual a los procesos productivos y a la construcción arquitectónica, dentro de los parámetros de una sociedad materialista y capitalista. En este sentido, la estética moderna no hubiera tenido más éxito que su equivalente artístico (la abstracción racionalista de Malevicht o Mondrian), es decir, un éxito limitado y pasajero, si no hubiera sido aprovechada por el capitalismo para dar cauce -que no solución- al grave problema contemporáneo de la vivienda. Esta y no otra es la razón del triunfo de la arquitectura moderna, y especialmente de la corriente racionalista-funcionalista. Ante la tesitura de alojar masivamente a la desbordada población del planeta se echó mano del estilo moderno, racionalista y funcionalista (en detrimento de otras corrientes más humanistas como la expresionista), que es el que mejor posibilita que gracias a la tecnología moderna se produzcan viviendas de manera masiva, rápida y barata. El resultado de esta estrategia es la consolidación del estilo moderno en todo el mundo -excepto algunas áreas del tercer mundo- como el modo tecnificado por excelencia de la arquitectura del presente y, sospechamos, del futuro. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días la arquitectura moderna ha ido dominando progresivamnete el panorama arquitectónico; ha desplazado tanto a los estilos históricos, demasiado costosos por sus formas y materiales, y a los vernáculos, por demasiado artesanales e incontrolados. A pesar de la aparente diversidad de escuelas dentro de la arquitectura moderna -organicistas, neohistoricistas, high-tech, postmodernos, etc- todos comparten el credo básico de la arquitectura moderna como arquitectura hipertecnificada. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor; aparte de algunos lujosos y espectaculares edificios institucionales de carácter simbólico, la mayoría de nosotros hemos de vivir en espantosos bloques urbanos o en casitas semiprefabricadas de monótonas urbanizaciones, es decir, dentro de una arquitectura moderna que además es de muy escasa calidad. No es pues el problema de la arquitectura moderna -entendida ésta siempre en un sentido genérico- un asunto estético, sino la respuesta técnica del capitalismo (adoptada también por el efímero comunismo real) que se sirve de una determinada estética.